domingo, 17 de noviembre de 2013

Eugenia Suarez para Revista GENTE



Con una placidez envidiable, Rufina duerme en los brazos de su abuela Marcela. La beba de Eugenia Suárez (21) y Nicolás Cabré (33), de casi cuatro meses, sueña quién sabe con qué, mientras su mamá se prepara para la Gala Four Seasons- HSBC a beneficio de Unicef. Están en la habitación 705 del renovado cinco estrellas porteño y en el iPod de la actriz (hoy en las filas de Pol-ka, pero formada por Cris Morena) suena Miley Cyrus. “¡Ya tengo mi entrada para ver a Justin Bieber! ¡Quiero que llegue ya el sábado!”, le comenta a Agustina, su amiga de siempre, la madrina de Rufi, mientras la peinan con mucho gel y fijador para lograr el efecto mojado que pidió en el pelo. Y después sí, reflexiona: “Desde que soy madre, entiendo más a mi mamá. Es un gran ejemplo y me ayuda en todo. Yo pensaba que era trillado, pero es tal cual: das la vida por un hijo”.

–¿En qué aspectos querés parecerte? –Mi madre es medio difícil de imitar. No tiene maldad. Yo soy más mala... Hay dos personas a las que nunca escuché hablar mal de nadie: a ella y a mi amiga (la modelo) Agus Córdova. Lo que hacen ¡es imposible! Mamá tiene una bondad que no puedo entender. Me encantaría ser una santa como ella.

–¿Y cómo es Rufina?
–Es lo más bueno del mundo. A la noche duerme diez horas, y de corrido.

–¡¿De verdad me lo decís...?! Tiene cuatro meses.
–¡Sí! De verdad.

–¿La amamantás?
–Le doy sólo teta. Me encanta. Todo me resultó muy fácil. No es por hacerme la canchera. Pero la verdad es que cuando estás embarazada todo el mundo te asusta. Te dicen que se desgarraron en el parto, que el bebé no agarró la teta... Llegué asustada al sanatorio para tener a mi hija, pero fue todo muy fácil y natural. Cuando das la teta, tu hijo depende de vos y de nadie más. ¡Eso me fascina! Vive gracias a vos. Es como una extensión de la panza.

–¿Qué sabías de la maternidad y en qué te sorprendió?
–No sabía que me iba a volver tan sensible... Además, antes veía cómo les hablaban a los bebés, con diminutivos, y decía: “¡Uy, la p... madre! ¡Qué densa!”. Y ahora yo hago lo mismo. Hoy, mi hija se ríe a carcajadas y me da ganas de salir a la calle a gritarlo. Sé que no está haciendo nada del otro mundo, pero me enloquece.

–¿Por qué tenías tantas ganas de ser una madre joven?
–Porque, todos te lo dicen, cuando tenés a tus chicos de joven tenés otra paciencia, dedicación y energía. Eso me ayuda mucho. Además, Rufina es una santa. Puedo seguir haciendo de todo.

–¿Cómo te organizás en tu casa?
–Nico me ayuda muchísimo. Ahora volvió a trabajar, pero los primeros meses hacía todo conmigo. Estamos los dos para la beba. Creo que está mal dicho eso de “el padre colabora”. Es lo que le corresponde. Lo que pasa es que muchos hombres no se hacen cargo de sus hijos a la par de sus mujeres. Desde el día uno, Nico le cambia los pañales a Rufi.

–Es un padre perfecto...
–Sí. Es un padrazo. Rufina duerme hasta el mediodía, porque nos acostamos tarde. Nico vuelve de grabar a las seis y no es tanto el tiempo en que no estoy con él. Formamos un gran equipo. Mucha gente me decía que tal vez le costaría conectarse con su hija, pero ¡nada que ver! Hace las cosas a la par mío.

–¿Tenés algún ideal para criarla?
–Quiero repetir lo que viví en mi casa. Crecí en un hogar feliz, donde me la pasaba jugando de la mañana a la noche. Quiero criar a mi hija con alegría. Lo intento todos los días.

–¿Querés volver a trabajar?
–Ahora vuelvo una semana a Solamente vos. El año que viene tal vez haga una tira en Telefe, pero aún no está cerrado. A esa altura, Rufina va a tener ocho meses. Tengo ganas de trabajar. Creo que necesito despegarme un poco de ella.

–¿Cómo hacés para estar tan bien físicamente a cuatro meses de haber sido mamá?
–Durante el embarazo aumenté sólo diez kilos. No porque me haya cuidado... ¡Es que no me dio más hambre que lo habitual! Después del parto, lo único que hice fue ir a un centro de estética, donde me ponen electrodos y hago algún que otro tratamiento. Como lo que quiero, pero no me paso con las cantidades. ¡No me como cuatro platos de ravioles!

–Vos empezaste cuando tenías diez años. ¿Dejarías que tu hija trabaje desde tan chica?
–Si ella quiere... A mí no me dejaban. Pero yo tenía claro desde muy chica que quería hacer esto. Le quemé la cabeza a mi mamá y ella me llevó a un casting, pensando que no iba a quedar. Yo estaba segura. No de “creída”: es sólo que lo sabía. Supongo que si veo a Rufina tan segura como yo, no me va a quedar otra que acompañarla. Y sí...

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